ALTO ATLAS 🇲🇦

Marruecos: cuatro días por el Alto Atlas

Enero 2026

Resumen de etapas

Etapa 1 ~ Imlil – Ref. de Lepiney

19.45km | 1985 m+ | 915 m- | 10h 3min

Etapa 2 ~ Ref. Lepiney – Biigui – Ref. Mouflons

5.94 km | 1063 m+ | 874 m- | 8h 13min

Etapa 3 ~ Subida Toubkal

3.85 km | 986m+ | 1h 37min

Etapa 3 ~ Toubkal Oeste – Ref. Des Mouflons

4.16 km | 100 m+ | 1055 m- | 1h 52min

Etapa 4 ~ Ref. Des Mouflons – Imlil

11.83km | 94 m- | 1493 m- | 3h 46 min

Después de un buen desayuno en el riad de Marrakech, salimos en busca de transporte hacia Imlil. Nos toca negociar con varios taxistas hasta que Ahmed acepta llevarnos por 300 dírhams, unos 29 euros por casi dos horas de viaje.

Ahmed conduce como un auténtico fiera y llegamos a Imlil, sanos y salvos, en menos de lo previsto. Allí descubrimos que nuestro alojamiento no está realmente en el pueblo, sino en una pequeña aldea situada más arriba, en el valle.

Ahmed no pone ningún problema en acercarnos. Es más, parece disfrutar recorriendo el camino empedrado, aunque probablemente dejase por allí los bajos del coche y medio embrague. Se había ganado una buena propina.

Un paisano bereber nos guía desde la carretera hasta la casa, donde nos espera Fatema.

Aldea Tamatert

El alojamiento es precioso: una casa tradicional de piedra y vigas de madera, con vistas a las montañas del Atlas. Nos sentamos junto al fuego mientras disfrutamos de un té caliente y unas pastas de bienvenida.

Dejamos las mochilas y bajamos caminando hasta Imlil, donde nos esperaba un buen tajín. Después del manjar, compramos algo de fruta y damos una vuelta por sus calles.

Allí encontramos a un vendedor de cuchillos, pulseras y todo tipo de objetos. Bueno, más que encontrarlo nosotros a él, nos encuentra él a nosotros.

Tenía cosas curiosas: cuchillos decorados con supuesta “piel de cobra” —menos mal que no hablaba español—, pulseras y varios amuletos bereberes. Le echamos el ojo a uno y comienza la clásica historia: que lo habían fabricado los bereberes en lo alto de la montaña, que era una pieza especial, única…

Nos pide 500 dírhams.

Le digo a Raúl que le ofrezca 50.

Empieza el tira y afloja, los amagos de marcharnos y la negociación habitual. Al final salimos de allí con dos amuletos por 160 dírhams. Probablemente él siga pensando que nos timó y nosotros que hicimos el negocio del siglo.

Terminamos el día con otro tajín en casa de Fatema, acompañado de sopa de lentejas y postre, con la chimenea calentándonos la espalda.

Antes de dormir, hacemos un poco de práctica de encordamiento. Al día siguiente comenzaba la aventura de verdad.

Día 1: Imlil – refugio de Lepiney

A las 5:00 suena la alarma.

Nos vestimos y desayunamos. Fatema nos había dejado todo preparado antes de acostarse. Un pequeño detalle que agradeceríamos todavía más unas horas después.

A las 6:10 comenzamos a caminar.

La primera mitad del primer día suele ser siempre la peor para los hombros y la espalda. El cuerpo aún no se ha acostumbrado y la mochila pesa más que en ningún otro momento del viaje.

Hace menos frío de lo esperado y pronto empezamos a quitarnos capas. Subimos por el valle en dirección a Tizi n’Mzik mientras las primeras luces del día aparecen a nuestras espaldas.

Imlil, todavía sumido en la oscuridad, nos despide hasta dentro de cuatro días.

Primera luz del día

Al llegar al collado paramos a comer unos dátiles antes de continuar por el valle que conduce hacia el refugio de Tamsoult. La subida es tranquila, sin grandes pendientes, pero constante.

Pronto nos damos cuenta de que no hay huellas. Nadie ha pasado por allí, al menos durante esa mañana.

Tras rodear la montaña, entramos en el valle en el que pasaremos el resto del día y buena parte del siguiente. Llegamos al refugio de Tamsoult y comprobamos que está cerrado.

Nos sentamos en un banco, mandarina en mano, contemplando el valle que se abre bajo nosotros.

Es entonces cuando vemos a un bereber subiendo en nuestra dirección. Al cabo de un rato llega hasta el refugio, saca unas llaves y nos invita a entrar y a tomar un té.

El interior es impresionante: varias habitaciones, baños y un gran comedor. Pero lo que más llama la atención son los detalles de madera que decoran todo el edificio.

Hablando con él mediante una mezcla bastante dudosa de todos los idiomas que conocemos, descubrimos que el refugio en el que pretendemos pasar la noche solo abre con reserva previa.

Nos da un número de teléfono con la esperanza de que encontremos cobertura durante el camino y podamos avisar.

No encontraremos cobertura.

A partir de ahí, la progresión comienza a hacerse más lenta. La nieve es profunda y cada paso cuesta más que el anterior.

Nos adentramos en unas gargantas que parecen no tener salida, rodeados de paredes de roca, picos y cascadas de hielo. La belleza del lugar es deslumbrante.

Gargantas de Assif n’Ouissadene

Cuando terminan las gargantas comienza una subida algo más empinada. Hay mucha nieve y avanzar resulta cada vez más complicado. Nos turnamos para abrir huella, aunque Raúl, que está bastante más fuerte, termina haciendo gran parte del trabajo.

Sherpa Raúl abriendo huella

Sobre las 14:45 llegamos al refugio, esperando encontrarlo abierto. Para nuestra sorpresa, lo está. Entramos y nos lanzamos sobre el pan marroquí y el queso que llevábamos en las mochilas. Gloria de verdad.

Según mi plan original, la idea era alcanzar la cumbre del Biiguinnoussene, -Biigui para los amigos- de 4.002 metros, esa misma tarde. Me daré cuenta más adelante de que aquello era pura fantasía.

El terreno es más complicado de lo que esperábamos, hay bastante nieve y la imprecisión del GPS tampoco ayuda. Nos desviamos varias veces y, después de casi dos horas, apenas nos encontramos a 500 metros del refugio. Decidimos dejar el Biigui para mañana y aprovechamos la salida para practicar encordamientos, técnicas de prevención de caídas y, sobre todo, encontrar el recorrido correcto y dejar algo de huella para el día siguiente.

Vuelta al refugio

Regresamos al refugio sobre las 19:30 y nos encontramos con una sorpresa: ya no estamos solos. Han llegado el guarda y dos chicas polacas.

La hospitalidad del guarda es extraordinaria. No habíamos reservado y, además, habíamos cogido prestados unos pantalones para cambiarnos la ropa completamente mojada. Todo ello, sin permiso ya que no había nadie.

Aun así, no pone ni una mala cara. Todo lo contrario.

Dormimos en la parte superior del refugio, encajados entre varias mantas, a unos cincuenta grados bajo cero. Nótese la ironía.

Día 2: cumbre del Biiguinnoussene y refugio del Toubkal

A las 6:15 salimos del refugio.

Esta vez encontramos el camino correcto. Ha nevado durante la noche y la nieve todavía no está demasiado dura.

Con las primeras luces del amanecer conseguimos localizar el corredor de Adad: un corredor precioso que se va estrechando progresivamente hasta alcanzar un paso de aproximadamente metro y medio de anchura.

Corredor de Adad

Subimos sin prisa, pero sin pausa, disfrutando de una luz mágica.

A mitad de la ascensión se me suelta el crampón derecho por enésima vez. La culpa, evidentemente, no es del crampón, sino mía, que sigo sin colocarlo correctamente.

Alcanzamos un collado pensando que desde allí comenzaría la subida final al Biiguinnoussene. En realidad, aquel collado solo sirve para acceder a otro valle. Todavía nos queda cruzarlo y superar un segundo paso.

El avance por el valle es extremadamente lento debido a la cantidad de nieve. Después de casi dos horas llegamos al collado de Tizi Tadat, donde comienza el último tramo hacia la cumbre.

Dejamos las mochilas grandes, cogemos unas mochilas ligeras con agua y algunos dátiles y nos dirigimos hacia arriba.

La subida no es especialmente técnica, aunque presenta varios puntos delicados en los que hay que prestar atención.

A las 12:55 alcanzamos la cima.

Cima Biiguinnoussene. 4002m

Nuestro primer cuatromil: 4.002 metros.

Las vistas son espectaculares y la sensación de haberlo conseguido después de todo el esfuerzo del día anterior hace que el momento sea todavía más especial.

Desde la cumbre descendemos hacia el refugio del Toubkal por una canal impresionante, cargada de nieve. La capa dura de la superficie se clava continuamente en las espinillas, pero conseguimos bajar rápido.

Canal con Toubkal enfrente

En aproximadamente una hora y media llegamos al refugio.

Dejamos todas las cosas y nos comemos un paquete entero de galletas Príncipe acompañado de té, como si no hubiera un mañana.

El refugio está lleno de gente, aunque encontramos un rincón tranquilo en el que descansar.

La cena está muy buena: sopa, pasta y pollo.

O quizá simplemente teníamos demasiada hambre.

Día 3: Toubkal

A las 5:10 vuelve a sonar la alarma.

Bajamos a desayunar: tostadas con mantequilla y mermelada. Qué bien sienta desayunar en la montaña, sin miedo a cargar bien de  carbohidratos que serán necesarios unas horas después.

Todo el mundo se prepara para comenzar la subida. Aquello parece una procesión de Semana Santa.

No somos de los primeros en salir. Preparamos las cosas con calma y, a las 6:00, empezamos la ascensión.

Al alejarnos del refugio miramos hacia arriba. Hasta donde alcanza la vista, la montaña está cubierta por pequeñas luces en movimiento, una detrás de otra, formando una larguísima fila.

Empezamos a adelantar gente. Nos encontramos muy fuertes y, al cabo de un rato, casi sin darnos cuenta, la única luz que queda delante de nosotros es la de nuestro propio frontal.

Llegamos a la cumbre todavía de noche.

Habíamos tardado mucho menos de lo previsto: una hora y treinta y siete minutos, para ser precisos.

Todavía falta bastante para el amanecer, pero el horizonte ya está cubierto por una luz naranja intensísima que hace que el lugar resulte aún más mágico.

Cima Toubkal. 4.167m

Permanecemos solos en la cima durante unos cuarenta minutos. Después empiezan a llegar las primeras personas.

Disfrutamos del amanecer desde el punto más alto del norte de África y, poco después, comenzamos a movernos hacia nuestra siguiente cumbre: el Toubkal Oeste.

Durante la bajada nos cruzamos con varios guías que todavía están subiendo. Algunos nos felicitan por el ritmo que llevábamos y comentan que nos habían visto el día anterior descendiendo por la canal hacia el refugio.

La verdad es que yo tampoco estoy hecho un animal. Raúl, quizá un poco más jaja.

Probablemente estén acostumbrados a acompañar a gente con poca preparación, que piensa que subir a 4.000 metros es algo parecido a sacar al perro a pasear por el parque.

Después de completar la jornada, regresamos al refugio para comer y pasar una tarde tranquila, descansando y jugando a las cartas.

¿Qué tendrá la montaña que consigue hacerte olvidar los «problemas» y las preocupaciones, y te ayuda a ver con mayor claridad lo que realmente importa?

Pasamos las últimas horas del día relajandonos delante del fuego y encontramos algunas personas se quejan del frío.

Siempre me ha llamado la atención la gente que se queja cuando va a la montaña: que si hace frío, que si la subida es demasiado dura…

Cuando decides estar allí por voluntad propia, creo que no deberías quejarte.

Somos unos privilegiados por poder disfrutar de la montaña y salir de nuestra zona de confort. El frío, el cansancio y la incomodidad también forman parte de aquello que hemos venido a buscar. Y el que sale ya con la idea de evitar todo eso, mejor que se quede en casa

Vistas al Ras Ouanoukrim

Día 4: regreso a Imlil

A la mañana siguiente nos levantamos sin prisa y disfrutamos del desayuno.

Recogemos las cosas y comenzamos el descenso hacia Imlil mientras una tormenta empieza a entrar en el valle.

Cuatro días después, regresamos al lugar del que habíamos partido.

Especial mención a la ducha caliente que nos metimos a la llegada en Marrakech.





De vuelta en Marrakech

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